Muro de piedra

muro de piedra, pared, acceso restringido, division de espacios, tapia, gris, panorama urbano en Torrelavega

About Pepe Terán

Arte, diseño y comunicación. Interesado en la Accesibilidad y el Diseño Universal. Caminante, fotógrafo y músico.
Esta entrada fue publicada en Fotografías. Guarda el enlace permanente.

4 Responses to Muro de piedra

  1. javiercamarena dice:

    Sin previo aviso, sin sonar ningún toque de queda, de improvisto cae la noche a mi espalda pesada como una bola de demolición cayendo sobre mis hombros. Como una siniestra sombra que viene pegada a mis talones, me da alcance a las afueras de mi ciudad. Atrás queda la estación –como el puesto de hamburguesas con nombre de ciudad bávara, el hotel de dos estrellas con nombre de uno de los ríos que cruza la ciudad, la vieja discoteca aquella que estuvo de moda cuando yo era adolescente pero que ahora lleva mil años cerrada, el aparcamiento de la Feve –a éstas horas vacío- pero al que -alguna noche- aún se acerca alguna pareja a follar dentro de un coche y los edificios con las persianas bajadas, tras las cuales -quizás- alguien conciba nuevas vidas o consagre su amor entre jadeos y sudor violentamente, como sí no hubiese mañana-: a un paso de las vías, que a esta hora no cruza ningún tren en el que huir a ninguna parte. Es aquí donde la noche se vuelve negra como el cañón de un revólver apuntándome justo al
    centro del pecho: al corazón, sucia como el color de la sangre derramada sobre el suelo. Es aquí donde la ciudad perdió la inocencia siendo niña: sangre, llantos y unas braguitas blancas arrojadas sobre las vías del tren… De la radio de un coche aparcado en el parking de la estación sale un cansino riff de guitarra y la voz mortecina –cadavérica- del viejo Lou Reed cantado la historia de unos disparos en un viejo vecindario a un paso de un sucio boulevard: “No cruces la ciudad de noche”, me advierte insistentemente. Quizás sea hora de volver sobre mis pasos. Por un instante, la razón –con la desgarrada y dopada voz de Lou Reed- me susurra al oído que me estoy adentrando en la parte salvaje de mi ciudad, que pronto será de noche y que ya es momento de girar sobre mis talones y de volver sobre mis pasos, y que nada bueno podré encontrar siguiendo las vías del tren camino al río. La calle se hace más oscura. A lo lejos veo como unos emigrantes han encendido –al final de su calle: al fondo de lo que fue mi viejo barrio, en pleno corazón del Bronx de La Imobilaria- una hoguera dentro de un bidón de metal para calentarse, quien sabe sí asesinos yugoslavos o camellos negros han vaciado estas calles pero por aquí no se ve a nadie. Tan sólo unos pasos más allá del último edificio, dejando atrás la rotonda de la autovía y cogiendo el puente de la vieja fábrica, junto a la depuradora de aguas escucho bajar las aguas del río turbulentas como revueltas en un mal sueño, sólo un poco más allá: al pasar justo junto a la vieja papelera que se cae a pedazos y que en su decrepitud parece haber huido de la guerra de Bosnia. Al final me acerco hasta el puente que va hasta la fábrica y miro hacia abajo en busca del imposible cadáver de una adolescente que navegue flotando envuelto en una gran bolsa de plástico impermeable como en Twin Peaks sobre este sucio y clinteastwoodiano Mystic River

  2. Pepe Terán dice:

    Uno de mis relatos preferidos, ambientados en Torrelavega… Muchas gracias Javier. Un abrazo !!!

  3. ildegram1977 dice:

    En poco tiempo convertiremos ese callejón en otra calle con personalidad.

  4. Pepe Terán dice:

    …el muro se queda, que es bien chulo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s